Trescientos kilómetros al norte de Phnom Penh encontramos la ciudad de Siem Reap, esta pequeña población, cruzada por un río en su centro, estaba abandonada hasta hace unos años. En la actualidad, y aprovechando el nombramiento de los templos de Angkor como la octava maravilla del mundo ha resurgido como un bonita villa en la que disfrutar de buena comida, pasear por sus mercados o tomar una copa en su famosa calle Pub Street. La línea entre un bonito pueblecito e Ibiza es bastante delgada a estas alturas, por lo que tendrán que tener cuidado en cuanto a edificación y exceso de turismo si quieren preservar su esencia.
Visitar los templos de Angkor en un solo día es, como poco, imposible, por lo que hay que escoger lo que se desea visitar. Mil kilómetros cuadrados recogen el mayor edificio religioso del mundo. A la entrada se especifica el número de días que se quiere acceder al recinto y te facilitan un carnet con tu foto (que te sacan en el momento). Hay que guardar bien ese carnet pues se solicita a la entrada de muchos templos y su pérdida conlleva una sanción de 30 dólares.
Angkor Wat y su largo pasillo de entrada que surca un foso cual castillo medieval, es la primera visita que realizamos, fue construido por Suryavarman II en honor a Visnu, su dios-patrón, para que fuera su templo funerario. El santuario central se compone de tres niveles, cada uno de ellos con un cuadrado rodeado por galerías comunicadas entre sí.
Ta Prohm, el más famoso de los templos de Angkor, se conserva tal y como fue descubierto por los exploradores franceses hace más de un siglo. Al contrario que los otros templos que han sido restaurados, y limpiados, este templo ha sido tomado por completo por la naturaleza, y grandes árboles crecen en sus estructuras.
Ta Keo, el templo construido por Jayavarman V tiene una pirámide que alcanza más de 50m. de altura pero nunca fue completado. El gran reto que supone es el acceso a través de las escaleras, empinadas y carcomidas, prácticamente hay que escalar por la colina para llegar a su alto.
La ciudad fortificada de Angkor Thom se extiende a más de 12kms. En su interior se conservan el Bayón, el templo de las famosas caras de Avalokiteshvara, el buda de la compasión.
Baphuon, este templo fue desmontado pieza a pieza como un puzle por un equipo de arqueólogos para ser vuelto a montar de nuevo. Su especial característica es que su pared oeste es un enorme Buda reclinado.
Terraza de los Elefantes, utilizada como tribuna gigante para las ceremonias, esta terraza de 300m de longitud está sujeta por unas escaleras con elefantes de tres cabezas, muros repletos de relieves con estos animales y sostenida por los brazos extendidos de unas figuras de garuda (seres míticos mitad hombre, mitad pájaro).
Al norte de la terraza de los elefantes nos encontramos la llamada Terraza del Rey Leproso, denominada así porque sobre ella se levanta una estatua muy parecida a la imagen del rey khmer Yasovarman, que murió de lepra. Sus muros también están repletos de bajorrelieves, pero en este caso con ninfas celestiales y bailarinas.
Diez horas de visita, y como un millón de escalones más tarde, llegamos al final del día y dijimos adiós a la octava maravilla del mundo.
¿Os imaginabais así Angkor?

